En Aspe se encuentra una casa que permanece cerrada desde hace años debido a su actividad paranormal. El propietario y su familia rehusan a vivir en ella, teniéndola así solo como parte del patrimonio familiar.
La fama de la casa en la zona salto cuando en una fotografía de grupo apareció la imagen clara de un hombre con sombrero el cual allí no estaba al tomar la fotografía.
Uno de los que han investigado esta casa fue el Dr. Jimenez del Oso.
En esta ocasion Onipa.org entra en la famosa casa en busca de actividad paranormal.
Así nos adentran el Grupo Onipa en su investigación acerca de la casa abandonada de Aspe. Son cuatro videos muy interesantes sobre toda la investigación, lastima que al final (como habitualmente) no se grabó ningún suceso extraño.
Fue el investigador local Jesús S. Conejero quien nos puso tras la pista de uno de estos inquietantes incidentes. Según numerosos rumores, en los últimos años los miembros de la Guardia Civil y la Policía Local de esa población se habrían acostumbrado a escuchar el testimonio de atemorizados conductores que relatan el mismo suceso. Mientras circulan por una curva situada en la entrada del pueblo, una figura –a quien ya han bautizado como «el hombre de la curva»– se les echa encima inesperadamente, siendo atropellado. Cuando los testigos bajan de sus vehículos pensando que han matado a una persona, se encuentran con que no hay restos del fatal accidente.
No lejos de esta curva se encuentran los restos de los antiguos baños árabes, un atractivo complejo restaurado recientemente, cuya construcción se remonta al siglo XIII. También allí se ha registrado, en determinadas noches, la misteriosa aparición de una silueta luminosa. Según los numerosos testigos que la han observado, la figura espectral sale del recinto de aguas templadas y comienza a peregrinar en un recorrido cíclico que concluye en el nuevo jardín de las instalaciones. Estas apariciones no son algo reciente, sino que se remontan varias décadas atrás. Uno de los testigos, Juan Rodríguez, recuerda como si fuera hoy lo que le tocó vivir. Un día, al regresar de la feria del pueblo, su hijo pequeño señalaba insistentemente en dirección a los baños árabes. En un principio Juan no prestó atención al niño, creyendo que era un capricho infantil y para que se calmara decidió montarlo en la noria antes de regresar a casa. Fue entonces cuando el pequeño le dijo que veía un «ángel», un ser luminoso, salir de aquella casa solitaria. Intrigado, Juan decidió acercarse al lugar y pudo ver con sus propios ojos aquella aparición. A pesar de la escasa distancia a la que se encontraban los testigos, el supuesto espectro no dio muestras de haberse percatado de su presencia. Simplemente realizó su recorrido sin prestarles atención. Esta experiencia dejó muy marcados a ambos protagonistas, pero no son los únicos en haber presenciado algo similar. Son muchos los vecinos de Palomares del Río que han tenido la oportunidad de enfrentarse a algo aparentemente sobrenatural en las cercanías o en las propias instalaciones de los baños árabes.